sábado, 8 de junio de 2013

Gabriella Giandelli

En el fondo de la habitación reinaba una calma especial. Era un velo de quietud que envolvía las cálidas carnes de la mujer; la mujer de formas blancas que se apoyaba en la esquina como si fuera de aire. Un caballero se le acercó, pero al corto instante la dejó en paz, alejándose de la penumbra con un gesto de disculpa. Al pasar cerca de ella, los pies dibujaban un círculo esquivo y se lanzaban a explorar la dirección contraria. Al percatarse de su presencia, la voluntad de los que hablaban se volvía laxa y difusa. Un niño pequeño pateaba un balón y dejó que sus torpes pies aterrizaran junto a los de la dama. La cabeza del crío miró hacia arriba y encontró un rostro desolador.

- ¿Quién es usted, señora? ¿Un ángel castigado?
- No, hijo. Los ángeles hace tiempo que nos abandonaron.
- ¿Y, entonces? ¿De dónde ha venido usted? Y no me diga que de su casa, que mi madre, cuando se viste como usted ahora, adonde se va es a dormir.
- Es que yo acabo de despertarme. Soy... la cordura, hijo, la cordura, y he escapado de las cabezas de todas las personas mayores que ves.




miércoles, 2 de enero de 2013

Arnal Ballester

Deseo una ciudad que me permita perder los pasos; deseo descubrirla y caminar sobre sus calles negras hasta encontrar un manto blanco y un cielo naranja, a punto de terminar. Deseo toparme con un patio dentro de un laberinto, con un laberinto dentro de una palmera, con una palmera que sepa contar y con un simio capaz de explicarme dónde nacen los grandes dibujantes. Pido eso y poco más para el año naciente. Mis deseos se han vuelto sencillos.


Ilustración para el libro Quan éreu dos micos


Una ciudad

miércoles, 24 de octubre de 2012

Erté

No son ninfas, pero podrían confundirse con ellas. No son diosas ni alegorías. Son mujeres dibujadas con trazos finos y suaves como dunas de nieve; son preciosas y aman pasear debajo del aire y dejarse agitar por sus ondas. Son las hijas de Erté, y parecen escapadas de un escenario rojizo y cubierto por los pliegues del otoño. Si algún día tropezáramos con ellas deberíamos pedirles algo, un deseo o una simple sonrisa, pues es bien sabido que estos seres son capaces de mudar el tiempo y hacer que la fortuna nos sorprenda con un guiño. Dejémoslas libres y seductoras. Porque los días son cada vez más cortos y las noches se embellecen bajo el aliento de una boca perfumada.



sábado, 15 de septiembre de 2012

Shaun Tan

Mi vientre vuelve a sorprenderme con una de sus abultadas estampas, meciéndose como una montaña palpitante y repleta y dejando a su brillante superficie albergar los reflejos más diversos. No puedo resistir el impulso de trazar algo sobre él. Una espiral enorme, hojas multiformes, pequeños frutos de textura extraña, nubes, rostros, máquinas... Todo cabe en el planeta que ahora es mi barriga, y todo parece desprender un fragante aliento. Varias ideas sugieren que las plasme también. Son retazos de la imaginación, retales desempolvados. Sin pensar demasiado, recuerdo el prometedor pálpito que sentí al descubrir el trabajo de Shaun Tan y busco reencontrarme con él. Su esmerado cosmos encontraría un lienzo apetecible en mi andorga. Sus trazos maestros provocarían en ella movimientos únicos y harían cosquillas a su habitante. Lo convencerían de que el mundo exterior no es tan desastroso. Lo invitarían a nacer con los ojos abiertos...


Ilustración extraída del libro What Miscellaneous Abnormality is That?


They ate our grass 
Ilustración extraída del libro The Rabbits

martes, 21 de agosto de 2012

Richard Wilkinson

Los sueños del verano siempre suelen estar recubiertos de una tinta especial, de un paño que los hace blandos. Comienzan abrazando una olorosa brisa nocturna, prosiguen su viaje tornándose una nube de rostros acalorados y parecen reservarse las últimas semanas de agosto para retomar las viejas costumbres. Nos recuerdan que todo debe volver a comenzar, que las voces lejanas ya no lo están tanto y que más vale tener bien afilado el lápiz de la rutina, por si nos cuesta volver a citarla. 

He dado un largo paseo y he buscado entretenerme con pequeñas huellas. Después de mantener el ojo concentrado en algo cercano, no viene mal obligarlo a percibir las sombras diminutas y remotas del camino. Una de esas sombras me ha llamado la atención, pues brillaba, refulgía a la tenue luz vespertina. Al aproximarme a ella he descubierto el filo de una navaja. Lo he tomado, lo he girado para ver el reflejo cambiante de su superficie y he admirado las figuras que paseaban por su largura. Una de ellas mostraba un par de ojos de extraño color, y yo he recordado a los míos, que intentaban descansar; la otra me mostraba el inicio de un afeitado... Si estoy viviendo un sueño, creo que no puedo clasificarlo. Si se trata de algo más, espero que sean los suspiros de mi rutina, preparada para asimilar ciertos cambios en su esqueleto.


Ilustración para The Telegraph Magazine


Ilustración para The Telegraph Magazine

miércoles, 9 de mayo de 2012

Adiós al lado salvaje

Adiós al mundo escapado del papel, que crece hasta convertirse en algo real. Adiós al maestro que supo conquistarlo, adiós a su talento y a su encanto. Adiós, Maurice Sendak. Desde hoy, el cielo será un poquito más salvaje...


... Y los monstruos bailarán para él.

jueves, 12 de abril de 2012

Irma Gruenholz

El mundo era diferente. Más pequeño, más blando, dejaba que mis pies hundieran surcos sobre su superficie y los trataba con benevolencia. Era una tierra prometedora. Las luces primaverales traspasaban las rendijas de las piedras y colmaban de calor a los ojos cansados. El cielo brillaba y suaves personajes paseaban bajo él envueltos en delicadas burbujas... 

Empezaba a preguntarme cuándo había podido pasar, cuándo había cambiado todo tanto, y cometí el error de dar la media vuelta en medio de una cama desbaratada y descubrir que acababa de despertar. Una pena atroz se apoderó de mi cuello, mientras mis manos trataban de aferrarse nuevamente al sueño. Al cerrar los ojos vi millones de cosas: gallinas de pecho generoso y mirada extraña, huevecitos con un interior vibrante, damas cepillando sus cabelleras hasta tornarlas una capa de seda y niños admirando la luz de un rectángulo mágico. El planeta Gruenholz acogía mi desesperación y abría sus caminos ante mí... Ojalá todos pudiéramos vivir entre sus calles. Ojalá los seres infames pudieran transformarse en dulces figuras de plastilina y protagonizar escenas realmente hermosas. Eso brindaría sentido a su existencia, y permitiría que manos poderosas pudieran convertirlos en algo mejor.


Birth


Window

lunes, 13 de febrero de 2012

Daniel Peacock

Ayer paré a desayunar en un bar minúsculo y escuché la conversación mantenida por dos señoras. Decían que este mundo está lleno de criaturas infames, de osos azules y de monísimas mascotas de pelo erizado.  Decían también que sólo bastaba con visitar algún parque cercano para descubrir su presencia, que sólo debíamos estar atentos, que todo era cuestión de un instante. 

Terminé mi café y me levanté. El aire era fresco y punzante cuando salí a la calle y la luz de la mañana palidecía. Caminé hasta la plazoleta más cercana y agudicé mis sentidos. La gente flotaba sobre los adoquines con la suavidad acostumbrada y nada parecía haberse tornado especialmente salvaje, pero mis ojos no cesaban de buscar el brillo fantástico de las criaturas inesperadas.

De pronto, apareció un hombre. Lo vi caminar y detenerse. Lo vi sacar un lápiz del bolsillo y admiré los trazos que empezó a dibujar en el aire. De las vueltas de su muñeca emergieron una gran silueta añil... y una leve sonrisa y un pequeño arbolito recién arrancado... Un gran oso azul se desperezó a la vista de la ciudad y siguió su camino, y el hombre lo vio marchar con la calma de quien está acostumbrado a hacer cosas extraordinarias. Alcé la voz para preguntarle cómo lo había logrado, y él se limitó a tenderme una pequeña tarjeta y a marcharse con paso amplio. Miré el papel que tenía entre los dedos y sentí un enorme regocijo. Un perrito con ojos sorprendidos me miraba desde el otro lado. Tenía el pelo erizado y una cola corta parecida al algodón. La brisa del día lo había despertado. Su nariz empezó a olfatear el aliento que escapaba de mi boca...


Blue Bear


Cute and Fuzzy

miércoles, 4 de enero de 2012

Cor Blok

Mis bocas comenzaron el año marchándose de fiesta, y yo decidí meterme en una cueva. Era alta y profunda, y estaba plagada de estrellas oscilantes que la asemejaban al cielo. Si ahora me preguntaran por su existencia dudaría de ella, pues aún no tengo claro que un templo así pueda ser real. Para pertenecer a este mundo, era demasiado majestuoso. Demasiado hermoso para haber crecido en él. Sobre paredes de blanco papel se extendían vahos de colores, pequeños trozos de atmósfera danzando a un compás silencioso. De vez en cuando, como hinchados por el aire, se despegaban de los muros y bajaban a mecerse a mi lado. Intenté contarlos, pero eran demasiados. Me pedían que los siguiera, pero yo era incapaz de emularlos. Detrás de mis pies se abría la nada, y delante de ellos pasaba el mundo. ¿Dónde estabais, pequeños diamantes? ¿Qué gigante os ha dejado escapar? 

"¡Cor Blok!" respondían a mi pregunta. "¡De sus hábiles manos han surgido nuestros caminos!". 


El olifante de Harad (Ilustración para El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien)


Grima destituido (Ilustración para El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Matthias Seifarth

Boca Pequeña: ¡Cuánto tiempo sin saber de usted! La había dado por perdida.
BOCA GRANDE: Me han entretenido un poco.
Boca Pequeña: ¿Quiénes?
BOCA GRANDE: Unos amigos.
Boca Pequeña: ¿Los conozco?
BOCA GRANDE: Me temo que no. Son... diferentes, y no se dejan ver en este tipo de lugares.
Boca Pequeña: ¿Se despidió de ellos?
BOCA GRANDE: Sólo por un rato. Les prometí regresar y festejar un último evento.
Boca Pequeña: ¿Cuál?
BOCA GRANDE: La llegada del nuevo año.
Boca Pequeña: ¿Puedo acompañarles?
BOCA GRANDE: Por supuesto. E incluso podrá hablar con ellos, si así lo desea.
Boca Pequeña: ¿De qué?
BOCA GRANDE: De todo.
Boca Pequeña: Pero... Algo habrá que les interese de forma especial, ¿no?
BOCA GRANDE: Sí. Las bocas parlanchinas. Les vuelve locos nuestra manera de caminar.
Boca Pequeña: Usted, siempre rodeándose de gente sencilla.
BOCA GRANDE: Y usted, siempre dispuesta a preguntar algo nuevo. 
Boca Pequeña: Feliz Año Nuevo, señora Boca Grande. Que mil dientes afilados la protejan de todo mal.
BOCA GRANDE: Feliz Año Nuevo, señora Boca Pequeña. Que las malas palabras se pierdan detrás de cada esquina.